viernes, 25 de octubre de 2019

Jeremy Irons no es quien crees en Watchmen

[Este post incluye SPOILERS de la serie y de la novela gráfica]


La serie Watchmen ya ha desatado todo tipo de teorías con sólo un episodio emitido (en el momento de escribir este texto). Está llamada a ser la sucesora moral de Juego de Tronos y es una de las grandes apuestas de HBO para esta temporada, junto con La materia oscura.

Es cierto que el material original del que partía, la novela gráfica de Alan Moore y Dave Gibbons, tenía (y sigue teniendo) una calidad incuestionable, pero eso no desmerece el nivel de la nueva ficción de Damon Lindelof, cuya trayectoria está dejando más amantes que detractores.

Una de las grandes incógnitas que ha sembrado la serie es la identidad del personaje que interpreta Jeremy Irons. Todas las pistas parecen apuntar a que se trata de Adrian Veidt, también conocido como Ozymandias, un personaje de gran peso durante la trama original. Sin embargo, creo que es un falso señuelo.


En mi opinión, el personaje al que da vida Jeremy Irons no es otro que el Doctor Manhattan. 

Puede parecer una locura, pero tengo varios argumentos que respaldan esta teoría, y creo que los showrunners han estado jugando con nosotros dejando pistas falsas para que pensáramos en Veidt y distraernos de la verdadera identidad del viejo. Todo un cuidado y orquestado juego de espejos. Expongo las razones a continuación.

Veidt ha muerto
Esta es la más evidente. Una frase que utilizaron como reclamo en los primeros tráilers y que nos han revelado ya en el primer episodio:"Adrian Veidt ha sido declarado oficialmente muerto". Es el hombre más inteligente del mundo, sí. Pero no es inmortal.

Han pasado 34 años desde los hechos acontecidos en la novela gráfica, y mil razones han podido acabar con su vida. Lo que todos sospechamos al leer estas palabras es que se trataba de un truco. Otra mentira para engañar a la unión pública, como ya hizo en 1985. Pero en esta ocasión, el periódico podría decir la verdad y mostrándola en el primerísimo episodio, jugando con nosotros y nuestra querencia al complot y a la conspiración. Recordemos la navaja de Ockham, amigos: En igualdad de condiciones, la explicación más sencilla suele ser la más probable. Ergo, Adrian Veidt está muerto y no aparecerá en la serie. 

Un hombre desnudo
En una de las primeras escenas en las que nos presentan al personaje, lo vemos totalmente en cueros escribiendo a máquina, como si la desnudez no le provocase ningún tipo de pudor ni tuviera ninguna importancia. Está por encima de eso, como cierto personaje azul ya nos ha demostrado en la novela gráfica.

Además, recordemos que el doctor Manhattan puede cambiar su aspecto a voluntad, como cuando alteró la tonalidad de su azul al mostrarse en televisión. El verle aquí como un anciano puede significar dos cosas: Por una parte, ha envejecido, aunque a un ritmo más pausado que los humanos. Por otra, puede indicar que ha decidido adoptar ese aspecto concreto sin que signifique un envejecimiento en sus células, al igual que podría transformarse en una mujer afroamericana o en un bebé sonrosado.

El hijo del relojero
Al final de la escena revela que ha estado trabajando en una obra, llamada 'El hijo del relojero'. Se trata de una pista más sobre su verdadera identidad. Nadie mejor que él conoce su pasado y sus raíces, y quizá en esa obra narre la historia de su juventud y cómo sufrió el accidente con los campos electromagnéticos. Además, asigna dos papeles principales a sus sirvientes. ¿Interpretarán, quizás, a Janey Slater y Wally Weaver?



Un servicio inquietante

En un primer vistazo, todos nos dimos cuenta de que a esos sirvientes les faltaba un hervor. Ya fuera por las extrañas miradas y la inquietante sonrisa de ella, o por el detalle de que él le proporciona una herradura para cortar la tarta.
 

Sin embargo, ¿no os acordáis de cuáles fueron las últimas palabras que el Doctor Manhattan le dijo a Ozymandias antes de abandonar la Tierra?


Exacto. Dijo que había vuelto a ganar interés por la vida humana, justo antes de anunciar que iba a visitar otras galaxias y que quizás crease vida. Aquí tenemos el resultado. Criaturas creadas por el Doctor Manhattan a las que todavía les faltan unos retoques...

Posición de meditación
Es cierto que esta escena no ha ocurrido todavía, y la he cogido de uno de los tráilers, pero atentos a esta pose.


Una pose de meditación nada casual, y que recuerda inevitablemente a aquella que adoptó el otrora Jon Osterman en el planeta rojo, justo antes de construir su palacio de cristal.



Castillo en Marte
Finalmente, el argumento definitivo: El único momento del episodio en el que nos muestran sin duda al Doctor Manhattan, se encuentra en Marte, construyendo un castillo de arena, que, pocos segundos después, destruye. Atentos al detalle.


¿No os recuerda precisamente al castillo que nos muestran más adelante y donde vive con su servicio?



Creo que, después de estos argumentos, también vosotros habréis visto que tiene mucho sentido esta teoría. Es cierto que en el portal IMdB aparece que Jeremy Irons interpreta a Adrian Veidt/Ozymandias, pero no hay nada confirmado, y me parece que el portal de Internet lo ha dado por hecho, al igual que todos nosotros.
Por algo en el capítulo se han cubierto las espaldas no pronunciando en ningún momento el nombre del personaje.

Espero que este post os haya ayudado a abrir los ojos y a prestar atención a esos detalles, algunos pequeños y otros no tanto.

¿Qué pensáis vosotros? ¿Tenéis otra idea? Dejádmelo en los comentarios.


Recordad que también podéis seguirme en mi canal de YouTube, donde iré subiendo un vídeo semanal analizando lo ocurrido en cada episodio. Aquí os dejo el enlace al primero.


lunes, 21 de octubre de 2019

Una secta socialmente aceptada

Soy un extraño. Es así. Lo pienso siempre que me encuentro entre un grupo de gente de mi generación en algún ambiente festivo. ¿Por qué?, te preguntarás, querido lector. Muy sencillo: Porque no bebo alcohol.

Desde la más tierna adolescencia en la que los jovencitos y jovencitas comienzan a divertirse agrupándose y sin la presencia de sus padres, he notado esa anomalía en mí. Y sí, desgraciadamente, se trata de una anomalía que comparto con un porcentaje ínfimo de la población. La voluntariedad de esta decisión no quita lo anómalo. Sin embargo, la suerte me ha sonreído brindándome un grupo de amigos con los que comparto esta negación hacia las bebidas espirituosas.


Con los años, casi he ido adoptando el papel de un estudioso. El de un científico que observa el comportamiento humano en situaciones de celebración. No miento: Durante años me he sentido como un agente infiltrado dentro de los círculos de personas con los que, supuestamente, debía encajar.

Lo más gracioso de este procedimiento es observar las reacciones de aquellos que descubren por primera vez mi decisión. Su gesto va de la sorpresa a la incomprensión, y tratan de buscar un motivo médico, físico o genético que justifique mi decisión. Al no encontrarlo, la mayoría se proponen (con buena fe, imagino) emborracharme. "Pues conmigo vas a probar esto", "seguro que si insistes te gusta" o "eso es que todavía no has encontrado el alcohol ideal para ti".

Hay que entenderlos, claro. Su razonamiento es sencillo: ¿Por qué iba a renunciar nadie voluntariamente a la ingesta de alcohol?

Te desinhibe, te ayuda a socializar, convierte cada noche en algo más intenso, te vuelve más divertido... Esos son sus argumentos. Por lo que entiendo, no toman el alcohol como un fin en sí mismo, sino como un medio para hacer el momento más memorable.

Pues tengo una noticia para todos ellos: Yo no lo necesito. Tengo la suficiente capacidad y confianza en mí mismo como para poder ser divertido, hablador, elocuente o lo que yo elija siendo abstemio. Puedo bailar, cantar, reírme y pasarlo bien del mismo modo que todos los demás. Con el plus de que tengo el control absoluto sobre mi cuerpo, mis impulsos y mis recuerdos.

Porque, admitámoslo, es bastante triste que se hable en la edad adulta de lo que vomitaste el pasado sábado como si fuera algo habitual.

Otro de los argumentos estrella es "desde fuera no se ve igual". ¡Ah, ahora lo entiendo! Es como una secta. Un club donde debes renunciar a tu personalidad para formar parte de él. Si estás dentro, todo cambia. Por lo visto, perder la dignidad es algo divertido si lo haces en compañía de otros. Dejas de ser consciente de pronto de la imagen tan lamentable que muestras. 

Por eso, cuando estoy de noche con algún grupo en una celebración de cualquier tipo, intento disfrutar de mis acompañantes todo lo que puedo y con cierta urgencia, antes de que, poco a poco, vayan transformándose y perdiendo la cabeza. Es bastante evidente cómo se les nubla el juicio y cómo tratan de disimularlo torpemente. Pero no pueden ocultar esa mirada perdida, esas bocas entreabiertas e imposibles de cerrar que, como un niño de teta, buscan constantemente el jugo que los mantiene vivos. Agarran torpemente el vaso que, en muchas ocasiones, acaba estrellándose contra el sueño y haciéndose añicos. Intentas relacionarte con ellos pero sabes que no eres uno de los suyos. El alcohol, cuanto más los une entre ellos, más los separa de ti.

Y no hablemos de los rasgos más oscuros de la personalidad que saca el alcohol: las inseguridades, los celos, la agresividad, la depresión...

No es sano. Tampoco divertido, al contrario de lo que muchos defienden. Por eso, desde mi humilde punto de vista me pregunto quién en su sano juicio elige eso como medio de diversión semanal habitual.

Por otro lado, no hay nada más infame que las discotecas. Sitios ruidosos con música machacona y sin ningún tipo de estímulo intelectual que incita a los que la escuchan a aparearse como mandriles. Todos sabemos que hablar en una discoteca es absolutamente imposible y todos los elementos dentro del local están pensados para que dejes tu lado más racional en la puerta.

Además, no olvidemos la precariedad que impera en todos los trabajos. Los jóvenes vamos a tardar muchos más años que nuestros padres en lograr la estabilidad económica que consiguieron ellos cuando tenían nuestra edad. Por ello, se me ocurren mil sitios donde gastar el poco dinero que tenemos (o no gastarlo) antes que invertirlo en las caras entradas al local de moda o en el elevado precio del cóctel del momento.

Vivimos en una sociedad en la que soy yo el bicho raro si decido pedirme una botella de agua o un refresco en lugar de una bebida alcohólica. Una sociedad en la que no puedo pedir lo que me apetezca sin que mis motivos sean cuestionados o sin generar por lo menos una mirada de extrañeza.

Afortunadamente, sé que no estoy solo. Sé que hay más gente como yo que ni encajamos en los cánones de diversión actual, ni falta que nos hace. ¡Abstemios del mundo, uníos!

Porque sabemos que, objetivamente, es mucho mejor estar en un local tranquilo, hablando, divirtiéndonos y nutriéndonos con una buena conversación que nos enriquezca, que en una discoteca aburriéndonos como ostras. O quizá en alguna reunión en casa, jugando a distintos juegos en grupo, o haciendo cualquier otra cosa para disfrutar de la compañía de tus amigos en perfecto control de tus facultades físicas y mentales.

Con el tiempo, nuestras amistades irán madurando y relajando sus hábitos. Hasta entonces, seguiremos siendo esa aldea irreductible de galos, esa resistencia, ese grupo de insurrectos que nos negamos a bailar el son de la música que la sociedad se empeña en tocar.


RELATO BASADO EN UNA IMAGEN (I)


LA AMARGURA DE UN CAFÉ

Aquel lunes, Amelia decidió entrar en su cafetería favorita. Era la primera vez que iba desde la ruptura, y reflexionando, cayó en la cuenta de que nunca lo había hecho sola. Se sentó en el cómodo sillón que había libre, dispuesta a disfrutar de una humeante taza de aquel delicioso chocolate. Fuera llovía de una manera violenta. Siempre le había gustado ver la lluvia desde la calidez de un interior, y aquella cristalera era perfecta. Aquello la hizo sentir a salvo... Hasta que escuchó su voz. Sam estaba allí, en el mismo local. Se giró con disimulo. Tan solo unas mesas por detrás, y había ido con otra persona. Parecían felices... Amelia no podía creerse que hubieran coincidido en el mismo sitio. Era cierto que Sam fue quien se lo enseñó por primera vez, y ahí fue donde se habían enamorado. Amelia comprendió dolorosamente que su momento había pasado y que ahora no había nada que pudiera hacer. Había sido un año duro, intentado evitar los dolorosos recuerdos relacionados con Sam: Los largos paseos en el parque, su particular manera de hacer papiroflexia con las servilletas, los cálidos besos bajo la lluvia... Amelia tuvo que enjugarse una lágrima y comprendió que debía salir de allí. Tras pagar la cuenta, se aproximó a la puerta. Antes de entregarse a la incesante lluvia, que disimularía sus lágrimas, se giró y la miró por última vez, deseando que aquel chico sonriente supiera darle lo que ella no había sabido. Cerró los ojos y, antes de perderse en la oscuridad de aquella noche de febrero, musitó: "Te querré siempre, Samantha".

martes, 9 de mayo de 2017

[CRÍTICA] 'Your Name.': Una filigrana inesperada

Uno de los grandes placeres secretos de la vida es ir solo al cine. Y digo secretos porque no todo el mundo se atreve a probarlo. La sensación de centrarte únicamente en disfrutar de la historia que te muestran, sin distracciones, sin adornos, sin ruidos… Y poder pasarte todo el camino de vuelta a casa únicamente pensando en la película que acabas de ver, repasando escenas y desentrañando todo lo que te ha aportado es algo impagable, y más aún si la película es buena.

Eso es precisamente lo que me ha pasado hoy con ‘Your Name.’, una película que te invita a dejar tu lado más racional en la puerta del cine para poder soñar sin límites.



Siempre me ha fascinado la animación japonesa, tanto en pequeña y gran pantalla como en el papel, y admiro la sensibilidad que tienen los nipones para plasmar detalles tan bellos de la vida cotidiana, como los rayos de luz que se cuelan entre los árboles, las gotas del rocío o el viento moviendo las briznas de hierba.

Debo reconocer que ‘Your name.’ es la primera película del director Makoto Shinkai que veo, a quien se le ha bautizado como “el Hayao Miyazaki de la nueva generación”. A pesar de no haber visto el resto de sus trabajos, es fácil entender por qué. Esta historia me ha maravillado por ser una película sensible pero sin llegar a ingenua, entrañable pero sin olvidar la amargura; y divertida pero siendo profunda. Me ha hecho conectar de una manera muy íntima con los personajes y me ha hecho sufrir con sus giros de guion.



Sabe plasmar con una naturalidad asombrosa distintas situaciones: desde la ajetreada vida de una urbe como Tokio hasta el ritmo apacible y ralentizado de un pequeño pueblo rural, acompañándonos en un laberinto de emociones del que no queremos salir.

Es una película visualmente hermosa y emocionalmente muy poderosa, que será sin duda la delicia de todos aquellos a los que, como yo, les encante que los sorprendan en el cine y poder vivir intensamente cada historia. Hacía tiempo que una película no me cautivaba de esa manera. Un consejo: Si queréis verla, hacedlo sin saber nada del argumento. No os defraudará.

Yo, por mi parte, pienso volver a ver esta delicia, que cuenta con un guion tan bien entrelazado, hilado y elaborado como las cuerdas trenzadas que tanta importancia tienen en el filme.


Puntuación: 9/10 

jueves, 6 de agosto de 2015

Adiós, Reinita

Mi querida Reinita:

Te fuiste hace casi ya una semana, con el mes de julio: la misma noche en la que brillaba el cielo la llamada Luna Azul que a partir de ahora siempre me hará pensar en ti.

Aunque me consuela saber que te fuiste de manera natural, y sin dolor, supusiste tal cambio en la vida de la familia Gallego Alberca, que a todos nos sigue doliendo que ya no estés con nosotros.

Aún recuerdo la primera vez que te vi: Era la Nochebuena del año 2000, yo contaba con 7 años de edad y mi hermana Laura con 4. Bajo el árbol, "Papá Noel" nos había dejado una pequeña caseta de perro con la puerta orientada hacia arriba. Cuando me acerqué para asomarme vi el cachorrito de Yorkshire más bonito que jamás había visto en mi corta vida. Acompañando a ese cachorrito, había una nota, en la que se nos explicaba a mi hermana y a mí que se trataba de una perrita llamada Reina y que había nacido un mes y medio atrás.

Desde el primer momento fuiste una perrita muy querida, siguiéndonos a todas partes, jugando con cualquier cosa, mordisqueando la correa, y cómo no, cabalgando tu querido peluche blanco.

A medida que fuiste creciendo te convertías en la mamá de la familia, preocupada de que todos estuviésemos bien, controlándonos con tu atenta mirada y visiblemente intranquila si no nos veías juntos, igual que un pastor controlando su rebaño. Has cuidado de nosotros siempre y nos has dado el amor más fiel, sincero y desinteresado que solo un perro sabe dar.

Llenaste nuestro hogar de alegría, saliendo a recibirnos animada cada vez que volvíamos a casa y mirándonos fijamente apenada cada vez que nos marchábamos sin ti. Tenías una mirada tan sincera y profunda que todos coincidíamos en que era casi humana.

Desde bien pequeñita lo dabas todo por nosotros, arriesgando incluso tu integridad física, como aquella vez en la que papá se metió en las aguas congeladas de Riomundo y tú, sin pensártelo dos veces, te zambulliste tras él en su rescate.

Nunca olvidaré cómo pasabas momentos con mamá, bailando con ella cada vez que limpiaba la casa con música animada o con Laura, cuando ella te hablaba y tú respondías con aullidos.

También recuerdo cuando era pequeño y volvía del colegio, las veces que la abuela se quedaba en casa, cómo no te separabas de ella, creando un vínculo de conexión entre las dos, que a mí me gustaba apreciar. Seguramente ahora estaréis juntas, y no sufro porque sé que no estás sola.

Poco después te hiciste mamá, con dos camadas de cachorritos adorables y juguetones, de los que terminamos adoptando al pequeño Milú, que ha vivido a tu lado y al nuestro desde el año 2005. Es increíble cómo has dejado tu huella en esos pequeños, y estos días he podido apreciar rasgos tuyos en Hannah y Milú, y cómo tu estirpe continuará con ellos y sus hermanos, aunque ninguno tiene esa mirada tan intensa que tú lucías con tanto orgullo.

Con Milú dejaste de ser la única perrita de la casa, pero eso no te hizo ser menos activa o cariñosa, sino todo lo contrario. Tu instinto maternal me sorprendió desde el momento mismo en el que diste a luz las dos veces, en las que esperaste a papá para que te ayudara en esos momentos tan importantes para ti, al igual que hiciste en tu último día.

Siempre has sido una perrita muy muy lista. No hubo casi que educarte y mirabas fijamente cuando te hablábamos. Nunca olvidaré los momentos que he pasado contigo, pequeña:
Cómo venías a consolarme cuando me veías triste, acercando tu cabecita a mi mano para que te acariciase; cómo dormías conmigo en la cama casi todas las noches, aunque no me dejasen subirte; cómo me esperabas en la puerta de mi habitación, tumbada durante días cada vez que me iba a Madrid y cómo me hacías ser la mejor persona que sabía solo porque me estabas mirando con tanto amor.

Nunca podré superar tu pérdida, cosita, pero tendré que aprender a vivir con ello, al igual que todos los miembros de la familia, que te hemos querido y te seguimos queriendo muchísimo.

Has sido la mejor perra que hemos podido desear y por eso nos duele tanto tu recuerdo, porque sabemos que es irreemplazable al haber formado de una parte tan tan importante de nuestras vidas.

Sé que nos esperarás incansable, dondequiera que estés, hasta que vayamos a reunirnos contigo, porque tú eres así: fiel, buena, muy cariñosa y sobre todo familiar, aunque ya no estés en este mundo.

Supongo que el amor y la muerte nos convierten a todos un poco en filósofos y tú, Reinita, me has inspirado tantísimo en esta vida que es difícil creer que ya no estarás nunca más aquí.

Ahora todos en la familia estamos pensando muchísimo en ti, deseando haber pasado más tiempo contigo, o haber aprovechado más las horas juntos, pero nos sentimos felices y orgullosos de la vida que has tenido, porque has superado con creces la expectativa media de vida en un Yorkshire de tu tamaño. El haber vivido catorce años, ocho meses y veinticinco días nos sugiere que has vivido una vida feliz, larga y muy completa. Y me consuela muchisimo el hecho de saber que moriste en brazos de mamá y papá, sintiéndote arropada, querida y acompañada.

Muchísimas gracias por todo lo que hemos vivido juntos, Reinita. Jamás podré olvidarte. Ninguno de nosotros podrá: Tus patitas cortas, tu figura redondita, tus enmarañados bigotes y tu pelaje negro y anaranjado, pero en especial, si hay algo que recordaré mientras viva es esa mirada tan intensa con la que nos dabas a entender que nos entendías sin necesidad de decir una sola palabra.

Hasta que volvamos a vernos, cosita.

Te quieren,

Milú, Dani, Laura, Rafa y Marisol.



domingo, 8 de marzo de 2015

Mi Erasmus


Hoy quería escribir acerca de una de las mejores experiencias que he tenido en mi vida: Disfrutar de un Erasmus.
Deseaba conocer gente, correr nuevas aventuras, disfrutar de otro país y sobre todo vivir: vivir experiencias que me convirtiesen en la persona que quiero ser.
Mi vida dio un giro de 180 grados en cuanto lo hice. De pronto estaba en Bélgica, un país totalmente desconocido para mí y para ser más concretos en Gante, ciudad en la que nunca había estado y en la que se hablaba un idioma que desconocía.
Sin embargo, sorprendentemente jamás me sentí nervioso ni asustado sobre esto. Viajé allí con mis padres y estuvimos unos días haciendo turismo por el país, lo cual me supo a vacaciones familiares. Días después, ellos volvieron a España y yo me quedé en Gante, adaptándome a mi nueva habitación.
Miraba por la ventana y disfrutaba de las vistas de uno de los canales del río Lys, el que me acompañaría al despertarme cada mañana.
Estaba ansioso, animado y deseoso de comenzar aquella gran aventura que, sabía, no me decepcionaría.
Había dudado muchísimo antes de llegar allí, pero al aterrizar en Bélgica todo fue mucho más tranquilo. Notaba cómo podía encajar fácilmente en aquel país, y todo lo que veía me impresionaba y me hacía querer conocer aún más.
Me apunté a un curso de holandés, queriendo conocer más sobre aquella cultura, y deseando saberlo y entenderlo todo en aquel país.
Sin embargo, quería dejarme para el final lo más importante de mi estancia allí: Mis amigos.
Inevitablemente, se conoce mucha gente durante un Erasmus, y más viviendo en una residencia como lo hacía yo. Todos son estupendos, y en seguida uno se siente acogido. Me veía rodeado de cientos de personas que eran como yo: Nuevos en aquel país desconocido, deseando conocer gente y mostrando siempre su mejor cara. Sinceramente, pocas veces he encajado tan bien como estando en Gante de Erasmus.
Sin embargo, a pesar de la gente con la que tan bien te llevas, es inevitable tener tu grupo de amigos. Mis amigos en Gante son esas personas con las que podía ser yo mismo, que sentía que eran proyecciones de mí, con sueños parecidos a los míos, y las mismas inquietudes, y un sentido del humor similar. Con ellos siempre me sentía arropado con una capa de confianza y me daba pie a contarles cualquier cosa.
Jorge, Aleix, Irene, Vanessa, Julia, Samantha, Fani, Stef, Nuria, Anabel, Davide, Carolina, Steven, Gema... Muchos son aquellos con los que me he podido sentir yo mismo, y me gustaría mucho volver a verlos a todos. Hay muchos de ellos a los que ya he vuelto a ver, o sé que lo haré pronto, especialmente a los españoles. Pero realmente me gustaría poder verlos a todos, uno por uno y recordar juntos todas aquellas experiencias condensadas en apenas cinco meses de Erasmus: Las noches escuchando Jazz en el Hot Club, las cenas que se acababan alargando horas en nuestras cocinas, la primera vez que vimos nevar en Gante, el inolvidable viaje a Dublín, todas las veces que disfrutábamos de una ración de patatas fritas con salsa Andalouse...


Son recuerdos imborrables que sé me acompañarán mientras viva.
Creo que, realmente cualquiera tiene su "destino ideal" de Erasmus. Quiero decir, las opciones eran muy abundantes. Podría haber elegido Dinamarca, Finlandia, Alemania, Italia, Portugal... Y sin embargo escogí Bélgica como mi destino. Escogí un país en el que nunca había estado porque creo sinceramente que esa es la esencia de un Erasmus. Y dentro de Bélgica, entre las diversas posibilidades acabé escogiendo Gante. No sé qué habría pasado si me hubiesen concedido un destino distinto. Probablemente habría disfrutado igual del Erasmus, habría tenido vivencias distintas y conocido a otra gente... Pero jamás habría conocido a la familia que hice en Gante. Cualquier experiencia vivida en otro país que no fuese Bélgica habrían contribuido a convertirme en una persona distinta a la que soy hoy. Cada día habría ido forjado mi personalidad en otra dirección, y mis vivencias con otras personas igual.
Me asombra mucho pensar en la importancia de las decisiones que tomamos. Cuando se presenta más de un camino en nuestras vidas, al escoger uno nos perdemos todo lo que nos ofrecía el otro, y ya no vuelve esa oportunidad, por eso es muy importante escoger correctamente. Como digo, creo que Gante ha sido mi destino ideal, y siento que he podido llegar al lugar perfecto y en el momento perfecto para conocer a mi gente. Como dice la expresión, 'Once Erasmus, Always Erasmus' (Una vez Erasmus, siempre Erasmus).
Así que, para todos aquellos amigos míos que conocí en Gante, queria recordarles que siempre nos quedará esa maravillosa ciudad, capital de la región de Flandes Oriental; y quería dedicarles la letra de esta canción.



Hace ya tres semanas que mi Erasmus acabó. Decidi volver a casa, y el alicantino está de nuevo en Madrid, para acabar aquí la carrera de Periodismo.
Mi vida dio un giro de 180 grados cuando me fui, pero dio 180 más al regresar, y la verdad, es extraño haber vuelto y ver Madrid tal y como estaba antes y ser yo el que ha cambiado. Fue todo tan repentino, que sigo sintiendo que estoy en Madrid de visita, y que en cualquier momento volveré a Gante, a seguir llamando a mis amigos para cenar en una de las cocinas de la residencia, o seguir llamando a Jorge para hacer la colada, o que Aleix se lleve la guitarra cada vez que quedemos para poder cantar y que me enseñe unos acordes... Pero son cosas que ya no volverán. Mi tiempo de Erasmus pasó porque yo lo decidí así, y aunque me apena enormemente, debo vivir con ello.
Mi nuevo cuarto de Madrid está lleno de fotografías de los meses anteriores, como un símbolo de lo mucho que han significado esos instantes atrapados fugazmente en mi vida. Además, cuento con dos banderas belgas: Una de Bélgica y otra de Flandes, que me ayudarán a que cada mañana al despertarme y verlas, recuerde todo lo vivido allí y sonría.
Ahora toca vivir esta vida. Acabar el curso en Madrid y seguir para adelante. No tengo miedo de lo que pueda venir. Creo que todas mis experiencias me han hecho perder el miedo a lo desconocido, y me siento una persona realmente afortunada de haber podido vivir todo eso siendo tan joven. ¿Quién sabe lo que me depara la vida? ¡Pero aquí estoy para comprobarlo! Gracias por todo lo vivido, chicos.


James Whitaker.


sábado, 14 de diciembre de 2013

¿Dónde estás?

No sé quién eres, pero sé que no puedo dejar de pensar en ti. Pienso en la maravillosa vida que pasaremos juntos y te busco día tras día en cada rostro, en cada rincón de cada lugar que visito. Estoy cansado de desengañarme constantemente... Creo verte en unos ojos preciosos, o en una bella sonrisa, pero nunca eres tú. No ceso de buscarte, y me gusta pensar que tú me estás buscando a mí y que algún día nos encontraremos, pero nadie sabe cuándo será eso, ni dónde.
Deseo viajar, moverme por el mundo y buscarte dondequiera que estés.
No sé de qué color es tu pelo, pero sé que me encantará enredar mis dedos en él.
Ignoro de qué color son tus ojos, pero estoy convencido de que serán lo más bonito que podré ver cada mañana al despertar a tu lado.
No sé cómo será tu sonrisa, pero intuyo que me enamorará la primera que me dediques.
Desconozco cómo son tus labios, pero sé que desearé decir cualquier tontería para que me calles con un beso.
No sé cuál será tu aroma, pero preveo que cuando lo huela no saldrá de mi mente, porque me recordará a ti.
He estado toda mi vida buscándote sin éxito, pero no me rendiré hasta encontrarte.
Quiero que compartamos nuestra vida juntos, quiero que me conozcas y que te enamores de mis tonterías. Quiero que mi nombre con tu voz sea el sonido más dulce de la Tierra.
Quiero sentirme tuyo y que tú sepas que lo serás todo para mí.
Sé que estás ahí, en alguna parte, y que algún día podré enseñarte este texto diciéndote: "ya entonces sabía que te encontraría".
Porque sinceramente, me niego a creer que seas solo un sueño o una ilusión. Quiero amarte y hacerte inmensamente feliz. Sé que hay muchas chicas por ahí, pero yo seguiré buscándote solo a ti. Buscaré en el fondo de tus ojos esa luz que me hará ver por qué tú eres especial.
Sueño contigo y con la vida tan feliz que tendremos, pero aunque pasen años, yo no perderé la ilusión por verte y por conocerte.
Quiero sentir tus dedos entrelazándose con los míos, y coger tu cintura mientras caminamos por la calle. ¿Dónde estás? Me vuelvo loco al no encontrarte y no quiero malgastar más tiempo sin ti.
Salgo a la calle y miro alrededor, pero nunca estás.
Quizás nuestros destinos no se crucen nunca y pasemos el resto de nuestras vidas pensando que debe haber algo más... Pero me niego a creer siquiera esa posibilidad.
Sé que existes, te necesito y prometo encontrarte. Mi vida depende de ello, porque algún día tú serás mi vida.

James Whitaker.


LETRA TRADUCIDA DE "HAVEN'T MET YOU YET"

No me sorprende,
No todo dura para siempre,
Me han roto el corazón tantas veces
Que he dejado de contar.

Me hablo a mí mismo,
Una y otra vez,
Me hago muchas ilusiones,
Y entonces me defraudo.

Trato con mucha fuerza de no volverme loco,
Me vengo a mí mismo con un millón de excusas,
Pienso constantemente en cada posibilidad.

Pero sé que un día todo cambiará,
Me harás trabajar duro para que hagamos que esto funcione,
Y te prometo, cariño, que me darás mucho más de lo que tengo,
Simplemente, no te he conocido todavía.

Quizás tenga que esperar,
Jamás me rendiré,
Supongo que la mitad lo dirá el tiempo,
y la otra mitad, la suerte.

Dondequiera que estés,
Cualquier lugar, es perfecto,
Vienes de ninguna parte,
y entras en mi vida.

Y sé que podemos ser tan increíbles,
Y nena, tu amor me cambiará la vida,
Ahora puedo ver todas las posibilidades.

 De algún modo sé que algo va a cambiar,
Me harás trabajar para que hagamos que funcione,
Y te prometo, cariño, que me darás muchísimo que no tengo,
Simplemente, no te he conocido todavía.

Dicen que la vida es justa,
Y que todo vale en el amor y la guerra.
Pero no tendré que pelear,
Juntos lo lograremos,
Y estaremos unidos.

Y sé que podemos ser tan increíbles,
Y estar en tu vida me cambiará por completo,
Ahora puedo ver todas las posibilidades.

Y algún día sé que todo cambiará,
Y me esforzaré por sacarlo adelante,
Te prometo, cariño, que me darás mucho más de lo que tengo,
de lo que tengo, de lo que tengo.

Sabes que todo cambiará por completo,
Y me harás esforzarme para que esto funcione,
Te prometo, mi vida, que me darás aquello que nunca he recibido.
Simplemente, no te he conocido todavía.

Amor, amor, amor...
Todavía no te he conocido,
Amor, amor, amor...